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domingo, 4 de octubre de 2020

Flotar

Imagen de Pinterest; tomada de aquí


Las pompas flotan despacio desde el saliente del tejado y se cuelan entre los zapatos de mi hermana María.  Ella agita los pies para lanzarlas lejos de nuestra fachada y me da un pequeño vuelco.  Lo extraordinario de María es que, a pesar de todo, a pesar de vivir en nuestra familia, nunca tiene miedo.  Supongo que no le importa morir, pero me coloco detrás y la abrazo con fuerza, por si acaso. 

Ahora es ella quien sopla a través del aro y la siguiente burbuja se hace enorme.  Con el ingrediente secreto de mamá casi ninguna se rompe, así que esta crece hasta que casi cubre el espacio entre los dos edificios.  La superficie es de un color verdoso brillante y cae deprisa. Imagino que mi hermana ha olvidado dentro los empujones del colegio o algún insulto de los gemelos.  Cuando olvida golpes dice que se vuelven rojas y los destellos apenas brillan.  

Para mí no funciona igual, mis burbujas son transparentes, flotan ante mis ojos sin ninguna prisa y conservo todos mis recuerdos después de jugar.  No tengo la magia, por eso me dan miedo las alturas, las pompas rojas y verdes de mi hermana, que mi padre llegue tarde a casa y las cartas certificadas que quema mamá.  Y, sobre todo, que mi recuerdo vuele encerrado en jabón sobre la ciudad, como cuando María desenfoca la mirada y me pregunta medio en broma: pero tú quién eres.

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Microrrelato rescatado de una pompa antigua

martes, 10 de noviembre de 2015

LA FIESTA

Imagen de Maia Flore

Todos los años, mientras ella duerme, le preparamos una fiesta sorpresa.  Avisamos a todo el mundo, imprimimos invitaciones y personalizamos los sobres.  La vestimos con cuidado para la ocasión, le recogemos el pelo, le pintamos las uñas de un tono pálido.  Por si acaso.

Macarena y Manuel colocan la mesa en el centro y la dejan abierta por completo.  Apoyan los platos de la vajilla buena sobre el mantel verde y escriben los nombres de familiares y amigos en pequeñas tarjetas de color marfil, con trazos dorados y bordes envejecidos con tinta distress.

Las mayores dirigen el equipo y lanzan órdenes contradictorias que nosotros, entre risas, ignoramos según nos viene en gana. "Hinchad más globos, rápido", siempre Ana con su voz de niña madre.  "Quitad todo esto de en medio", contradice la Tata.  Y los niños hinchamos y explotamos sin ritmo fijo.  A veces, al pincharlos, los globos supuran de golpe y todo se llena de esa brillantina pegajosa que no se va soplando.  Hay que aspirar la casa de nuevo, pero los restos reaparecen cada cierto tiempo.

Además, los pequeños también solemos colocar los adornos que aún nos quedan de antes.  Aquellos que ella escogía y que todavía perduran arrumbados en el mismo cajón bajo su cama.  Sacamos las guirnaldas con estrellas blancas de madera que mamá colgaba en navidad, las calabazas con sus ojos y sus velas, el acebo seco, las tarjetas de colores con mensajes de cumpleaños, el árbol, las cajas de regalo vacías.

Y todos los años, todos desde que duerme, preparamos álbumes de fotos desplegables que cuelgan en tiras de cuerda desde el techo.  En algunas aparecemos todos con ella, riendo como locos.  En otras hemos crecido tanto que mi madre ya no aparece en la imagen, como si hubiera quedado en algún punto por debajo del enfoque, como si fuera posible que la vida estuviera encuadrada para que aparezcamos a solas, todavía riendo flojito pero algo más serios porque mamá flota dormida a baja altura.  Esas, las que se ha perdido, las ponemos en primera fila para aumentar la sorpresa.  Aún no las ha visto, pero a ver si esta vez va y se despierta.

domingo, 25 de octubre de 2015

LA LLAMADA DEL AIRE






Si los pájaros estallaban en vuelo todos corríamos también. 
Algunos chicos mayores montaban aparatos extraños, de ruedas enormes, que lanzaban graznidos acompañando el estruendo de las aves.  Nosotros, los más pequeños, solo corríamos sin parar, sin hacer caso de la sangre en los dedos, cada vez más deprisa, batiendo los brazos como el resto. 
Cuando había suerte, uno se desplomaba de repente.  Los demás nos parábamos a su alrededor, mudos de respeto y envidia.  Y cuando estaba claro que ya no despertaría, lo buscábamos en el cielo con los ojos fijos.  Por fin, volvíamos despacio al calor ciego del campamento.  Otra vez será, nos decíamos.  A lo mejor nos toca, quién sabe, tras la próxima señal.

domingo, 16 de febrero de 2014

Fotofobia

Imagen tomada de aquí

Desde que tapiamos las ventanas Elisa duerme mucho mejor.  A veces nos preocupa que se pierda algo, que sólo bucee en esa siesta mansa y callada, en lugar de zamparse dos magdalenas de chocolate y un helado en cualquier fiesta infantil.

Pero la oscuridad, es evidente, ha hecho milagros como terapia.  Ya no despierta a los vecinos con sus gritos, no balbucea ni parece mirar a través de la pared.  No intenta saltar.  Cuando me siento en su cama, me contesta obediente y se arropa de nuevo para volver a la calma oscura del sueño.  Me deja asearla en la penumbra y come despacio, masticando las cinco veces cada bocado.  Su piel es cada día más clara, aún más hermosa que entonces.  Perfecta.  Algunas veces sonríe al vacío y deseo, con mucha fuerza, que por fin sea nuestra, que ya los haya olvidado.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Los Secretos (en ReC)

Logo "fusionado" desde el blog: "De mis palabras y las vuestras" :-)

Los secretos


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Roberto vigilaba los portales. Miraba fijamente las ventanas con luz y apuntaba con el dedo si alguien se asomaba. Pum

Después volvían a casa de la mano y preparaban palomitas en el microondas. Esperaban los estallidos en completo silencio; ese ruido de algo blando que revienta y que se rinde después de cierto alboroto. Pum, pum. Esos días papá se quedaba mucho rato con él y jugaban a dispararse hasta morir. Le abrazaba muy fuerte y nunca le recordaba lo que no se debía contar.

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Web del concurso

Queridos todos,
gracias por las felicitaciones y los cariños, estoy encantada ^-^

viernes, 31 de mayo de 2013

Aullidos

Imagen: Miwa Yanagi

Para aullar a la luna los niños tienen que saber de la noche. Saber. Es preciso, además, un instinto de supervivencia voraz, con dientes puntiagudos, muy blancos. Para aullar, para pasar a ser eso otro que gruñe y desuella, hacen falta garras. Pero deben ser garras con filo preciso, talladas a cuchillo por una mano adulta.

sábado, 13 de abril de 2013

COBIJAR




Me gusta contemplarlos a esta hora callada de la noche. Procuro no despertar a mis habitantes para desentumecerme en la intimidad de mis muros, pero a veces bostezo con fuerza y el aire se filtra por chimeneas y rendijas. "Tranquila, amor, es el viento" dice el hombre, pero ella lo sabe y mira mis vigas de madera oscura que crujen delicadamente. 

Es una familia hermosa, esta que albergo. Los adultos gráciles, comedidos, se aman sin estrépito de vez en cuando. Mi favorita, sin embargo, siempre fue la menor de las tres niñas, la pequeña de rizos anchos que subía a mi desván sin un titubeo, apoyando aún los dos pies en cada escalón, para dibujarme entre el polvo con los dedos pegajosos. 

No sé qué me invadió para envidiársela así, para anhelar siempre sus besos sobre el cristal de mis ventanas y sus mejillas -blandas, cálidas- que apoyaba en el suelo mientras jugaba a que yo era palacio y ella princesa cautiva. 

Y ahora, aunque las demás han crecido ya, la mujer que llora sigue llamándola por las estancias del ala principal y todavía se asoma bajo las camas. Y mi niña, aquí conmigo, se pone triste y la lluvia gotea muy suave por mis aleros.


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La Editorial Talentura presenta De antología el próximo 18 de mayo. Un abrazo agradecídisimo a los antólogos Rosana Alonso y Manu Espada, y al equipo editorial por incluirme entre un montón de amigos y autores de microrrelato a los que admiro.  
Este texto no pasó la prueba pero participó en la preselección y me servía para contároslo :-)

sábado, 19 de enero de 2013

Náufragos


Yo creo que ya estamos muertos. Mi hermano no lo tiene claro, se observa los dedos arrugados y dibuja dragones marinos en la arena con los pies descalzos. Niega despacio, sin mirarme. Y mamá ya no llora ni nos abraza. A veces dirige la mirada hacia los niños pero parece estar viendo algo al otro lado de nuestros cuerpos, mucho más allá. 

La pequeña Sara desapareció anoche, los mayores aún no la han encontrado. Y hoy, por primera vez, han cazado algo para cenar. Mamá no lo prueba. Yo creo que estamos todos muertos.

sábado, 12 de enero de 2013

Burbujas

Imagen publicada por Anton Batov en Psykopaint
Me acerco al borde y el niño sumergido me mira desde el fondo, muy quieto.  Si se pone serio, con los ojos abiertos y fijos, no da tanto miedo, aunque no parpadee y tenga los labios de color morado.  Tiene una mata de pelo castaño que se mece ligeramente, en paz, como una población de algas finas y oscuras sobre un lecho de coral azul.  Debe de ser muy suave; por un momento casi me dan ganas de extender la mano y dejarme caer allá abajo, despacio.   

Cuando se ríe, la caravana de burbujas que salen de su boca rompe la superficie con fuerza y hace que el agua parezca hervir.  Se oye un revuelo de ecos en mi cabeza, un zumbido sordo y nítido, que me hace temblar.  Imagino que soy un calamar gigante sorprendido por la sirena de un submarino.  Su sonido me alcanza cargado de presión, de borboteos, de pequeñas explosiones que parecen sonarme por dentro y estremecen mis tentáculos, si los tuviera.  

Todo eso se oye cuando ríe. Todo menos su risa, la que sonaba cuando estaba vivo.  Y es entonces, al recordar que no es él, cuando empiezo a chillar como un loco y corro hasta la casa a esconderme bajo el hueco de la escalera.  Y mis gritos, por fin, acallan el ruido de la sirena, pero no me doy cuenta y mamá viene a regañarme por el escándalo.  Me mira, me toca la ropa y el pelo empapados y me abraza.  Y me recuerda que mi amigo ya no está, que ya no es.  Y me lleva hasta el borde aunque yo no quiero y allí no hay nadie. Y me promete al oído que este verano cercaremos la piscina con una valla muy alta, de madera blanca, para que no se caiga nadie y para que nunca, nunca, encuentre más niños muertos que se ríen en silencio desde el fondo.

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Feliz año nuevo :-)

domingo, 21 de octubre de 2012

EL PLAN


Imagen tomada de la red


Teníamos un buen plan.  La pecera en el suelo incitaría a nuestro gato a tratar de capturar los dos peces de colores que trajeron los Reyes.  Se volcaría: papá siempre corriendo, su pie sobre el agua y un precioso mortal, gritos y esas cosas.  Tendría que romperse las piernas, o por lo menos una, ya acordamos que un brazo no iba a valer para nada.  Con la pierna rota ya no podría marcharse, mamá le haría compota de manzana y se darían besos, seguro.

Estuvimos sentados junto a la pecera durante horas, estudiando el ángulo, frenando al gato.  Con el tiempo mamá tiró los cadáveres de los peces por el retrete, llenó la bola con piedrecitas y al final la subió al desván.  Mi hermano y yo todavía miramos hacia la puerta muchas, muchas veces.

domingo, 14 de octubre de 2012

Lo que tiene la lluvia

Imagen tomada de la red


Cuando llueve ceniza, papá se comporta de un modo extraño.  Sonríe como los bobos y se sobresalta por nada.  Sale a la terraza, comprueba si ha parado.  A menudo recoge un pellizquito de polvo gris, lo olisquea entre los dedos, inspirando profundamente, y lo esconde en el bolsillo del chaquetón.

A mamá, en cambio, le encanta la lluvia de pétalos.  Cuando era pequeño cualquier ocasión era buena para cubrir las aceras.  Si tenía un nuevo amigo, si me comía toda la fruta, nos asomábamos juntos por mi ventana y dejábamos caer aquella tormenta suave de colores.  Ahora sólo baja los sábados de mayo a llorar a las novias desde el primer banco del parque.  “Te llueven los ojos” le digo, y ella sonríe un poco.

Algo tendrá la lluvia.  Mi favorita es la que moja, la lluvia de invierno que barre las calles, la que azota, la que me limpia la cara mientras miro hacia arriba con la boca abierta, la que revive las flores, la que consigue apagar esos fuegos que enciende papá. 

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Queridos cuentistas y amigos,
Mis días siguen siendo igual de cortos pero os he echado de menos.  
Vuelvo con la sensación de que no he logrado organizarme del todo, aunque me he pintado en la muñeca un reloj y creo que funciona :-) 


lunes, 19 de marzo de 2012

El otro futuro


Imagen tomada de la red, por Georgy Nuzhdin

Se despierta de golpe.  Está oscuro y aún queda mucho para que mamá venga a llamarlos. Estira la mano despacito y nota que su hermana está, como siempre, durmiendo a su lado.  Se levanta en silencio y asoma la cara entre las cortinas.  Los observa sin hacer ruido.  Elena se acerca a abrazarlo y lo guía de vuelta.

―Ya vale ―susurra― vuelve a la cama.

En realidad no hay nada nuevo que ver.  El parque está casi cubierto por cartones y la gente se amontona tratando de mantener el calor.  Algunos duermen, se remueven incómodos. Muchos lloran.  Las madres dejan que los niños apoyen la cabeza en su regazo.  Los sigue viendo un rato después de cerrar los ojos.

Se duerme.  Se despierta de golpe.  Sigue oscuro y tiene mucho frío.  Extiende la mano para buscar la de Elena pero roza el cartón y recuerda.  En su ventana, la de su habitación, tres caritas los miran en silencio.

Para Alonso, que me regaló la historia (entre  otras muchas) y me dio permiso para escribirla

miércoles, 22 de febrero de 2012

La espera





Mis hermanos y yo jugamos en el templo todos los días. Ellos, tan iguales que dan miedo, me siguen entre los bloques con un fervor incuestionable. Aunque a menudo me preguntan dónde están todos, otras veces sólo saltan desde los dinteles, silban con fuerza o embisten sin mirar en mitad de las tormentas. Los dejo hacer un rato, son tan pequeños que me pregunto por qué los escogieron, qué pudo haber ido mal. Por fin, les recuerdo a gritos que estamos allí para proteger los círculos, no para derribar las piedras. Siempre acabamos corriendo a empujones, desatando ese aburrimiento de siglos que se arrastra entre la hierba hasta que lo vemos huir. Después llega la fuerza, el viento sopla a través de nuestros dedos, y entre los labios, y llueve, empieza a llover a mares. 

Mis hermanos y yo jugamos siempre. Sólo yo parezco preocupado. A veces cuento las piedras exteriores o mido los pasos de la avenida, me siento en el punto más alto y escucho todas las voces, las de todos los tiempos. Trato de hacerlo bien y cuando llega el solsticio, me siento en el centro de cara al sol y espero por si vuelven a buscarnos, por si lo hemos conseguido, por si creen que ya merecemos descansar.


El otro día supe que Fernando Vicente (Depropio) tenía al menos un par de hermanos -no creo que sean gemelos-.  Por mi experiencia supongo que pelearían como todos los hermanos desde la Edad de Bronce y antes.  Felicidades Fer :-)

lunes, 13 de febrero de 2012

INVITADA en LA TABERNA DEL CALLAO

Hace algunas semanas recibí un correo de Javier Merchante del blog "La taberna del Callao" en el que me contaba que le gustaría realizar un montaje de audio sobre uno de mis microrrelatos.

Eligió Premeditación, realizó un montaje sonoro en la apertura que casi cuenta la historia (increíble), añadió una música preciosa y convenció a unas jovencísimas actrices para que grabaran en su estudio [bueno, ellas aún no saben si serán actrices pero han hecho un trabajo estupendo].

El resultado se puede escuchar aquí:

Espero que os guste tanto como a mí, :-)
¡Gracias Javier!

martes, 7 de febrero de 2012

Manifestaciones

Imagen tomada de la red
Los domingos por la mañana, como si nada hubiera cambiado, estallaba la guerra.
La nieve caía blandamente desde los almohadones de plumas sobre la cama de mamá y papá, mientras mi hermana y yo reíamos como locas.  
Algunas veces nuestros padres se asomaban a la habitación vacía y se ponían a recoger el estropicio antes de que hubiéramos terminado.  A nosotras nos gustaba contemplarlos en mitad de nuestra nevada, aunque odiábamos aquel silencio cauto.  Siempre entraban despacio, sujetaban los cojines con fuerza y los acercaban a sus mejillas pálidas, tan claras como nuestro frío.

viernes, 27 de enero de 2012

Despedida (IV Microjustas Literarias)


Myosotis (Nomeolvides)

Despedida

Desde su cama, mamá me señala las ilustraciones y repito con ella “pensamientos, damas de noche, gitanillas”. Cuando llegamos a la imagen de las florecillas azules me aprieta la mano suavemente, pero yo no quiero llorar. 
―Myosotis ―le digo muy seria―. Y ni se te ocurra morirte.
Superada la primera ronda de las IV Microjustas Literarias :-)

viernes, 6 de enero de 2012

REGALO DE REYES

Queridos todos,
como siempre ando tan justa de tiempo, esta vez no escribí la carta con antelación.  Tengo deberes pendientes, he escrito poco, algunas tareas del trabajo se acumulan en mi escritorio y necesito dos cuartillas para poner en orden todos mis propósitos para el nuevo año. 
A pesar de todo, les dejé leche y galletas junto al árbol, sólo por si acaso... y resulta que me han traído un regalo.  El regalo perfecto.
Como veréis, el duende que se encargó de prepararlo es un queridísimo amigo


[Vídeo realizado por Fernando Vicente ©. 
Gracias, Fer.  ¡No tengo palabras!]


* Por cierto... Se trata de un libro ficticio que Depropio me está invitando a escribir.  Por si alguien no se ha dado cuenta aún, esos trece relatos no existen -de momento- y la editorial Piel de Papel© tampoco, a pesar de tener un nombre precioso :-)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Por su culpa

Imagen tomada de internet

Claro que no era perfecta, pero sí tan hermosa que las monjas contenían la respiración al pasar a su lado.  “Parece un ángel” y nos miraban al resto con cierto escrúpulo al ordenar la fila.

Llevaba los rizos de un amarillo inmóvil, perfecto, y zapatitos de lazo como recién pulidos.  Si nos colocábamos muy cerca podíamos ver el reflejo deforme de nuestras caras en el charol, nuestro rostro más negro.  Daba miedo, la verdad.

Aquellas uñas rosadas, increíbles, se nos clavaban en el antebrazo cuando nadie miraba.  La niña ángel sonreía serena desde el otro extremo del aula, fingiendo escribir.  Siempre ella.  Todas intuíamos que era culpa suya si se caía un tintero y castigaban a alguna sin comer.  También la mirábamos de reojo si llovía o el papá de Fulanita caía enfermo.  Por eso, por su culpa, todas la odiamos tan fuerte y tan claro que ninguna fingió apenarse cuando murió.  Y además, no era un ángel, nos decíamos.  Tendría que haber volado cuando la dejamos descalza y sola en el alféizar para probar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Condiciones


Ahora que todo ha pasado, le asalta la duda de siempre. 

―Pero, ¿de verdad me quieres, papá?

―Claro, eres mi tesoro…

La niña se limpia las lágrimas con la manga y comienza a peinarse torpemente.  Él la ayuda con los lazos y busca su mirada en el espejo.  Sonríe; le acerca la boca al oído.

―Siempre que no se lo cuentes a nadie, ya lo sabes susurra.

Ella suspira y se echa agua fría en los ojos.  Para cuando mamá llegue ni se notará que ha llorado.

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Este micro lo envié al concurso del blog: No me vengas con historias, cuyo tema eran las mentiras... aunque se perdió "en la nube" y no llegó a participar.