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domingo, 4 de octubre de 2020

Flotar

Imagen de Pinterest; tomada de aquí


Las pompas flotan despacio desde el saliente del tejado y se cuelan entre los zapatos de mi hermana María.  Ella agita los pies para lanzarlas lejos de nuestra fachada y me da un pequeño vuelco.  Lo extraordinario de María es que, a pesar de todo, a pesar de vivir en nuestra familia, nunca tiene miedo.  Supongo que no le importa morir, pero me coloco detrás y la abrazo con fuerza, por si acaso. 

Ahora es ella quien sopla a través del aro y la siguiente burbuja se hace enorme.  Con el ingrediente secreto de mamá casi ninguna se rompe, así que esta crece hasta que casi cubre el espacio entre los dos edificios.  La superficie es de un color verdoso brillante y cae deprisa. Imagino que mi hermana ha olvidado dentro los empujones del colegio o algún insulto de los gemelos.  Cuando olvida golpes dice que se vuelven rojas y los destellos apenas brillan.  

Para mí no funciona igual, mis burbujas son transparentes, flotan ante mis ojos sin ninguna prisa y conservo todos mis recuerdos después de jugar.  No tengo la magia, por eso me dan miedo las alturas, las pompas rojas y verdes de mi hermana, que mi padre llegue tarde a casa y las cartas certificadas que quema mamá.  Y, sobre todo, que mi recuerdo vuele encerrado en jabón sobre la ciudad, como cuando María desenfoca la mirada y me pregunta medio en broma: pero tú quién eres.

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Microrrelato rescatado de una pompa antigua

sábado, 22 de octubre de 2016

LA EROSIÓN

Fuente de la imagen (Aberrant Beauty)

Llueves como todos, hacia abajo, empapando las aceras, muy despacio al principio.  Pero calas como pocas lluvias en la vida.  
Yo te recibo desnuda, voluntaria, para que todo lo borres y me dejo arrastrar por ese río nuestro, tuyo.  Y sé que te quiero y sé que eso cuenta, quizá.  
Ruedo por el cauce, enganchando las uñas rotas a la orilla y dejo en el fondo aquellos restos que no flotan, sedimentos de piel.  Y a veces, para cuando llego al mar, después de tantas piedras, apenas reconozco mi cadáver.

domingo, 16 de febrero de 2014

Fotofobia

Imagen tomada de aquí

Desde que tapiamos las ventanas Elisa duerme mucho mejor.  A veces nos preocupa que se pierda algo, que sólo bucee en esa siesta mansa y callada, en lugar de zamparse dos magdalenas de chocolate y un helado en cualquier fiesta infantil.

Pero la oscuridad, es evidente, ha hecho milagros como terapia.  Ya no despierta a los vecinos con sus gritos, no balbucea ni parece mirar a través de la pared.  No intenta saltar.  Cuando me siento en su cama, me contesta obediente y se arropa de nuevo para volver a la calma oscura del sueño.  Me deja asearla en la penumbra y come despacio, masticando las cinco veces cada bocado.  Su piel es cada día más clara, aún más hermosa que entonces.  Perfecta.  Algunas veces sonríe al vacío y deseo, con mucha fuerza, que por fin sea nuestra, que ya los haya olvidado.

viernes, 31 de mayo de 2013

Aullidos

Imagen: Miwa Yanagi

Para aullar a la luna los niños tienen que saber de la noche. Saber. Es preciso, además, un instinto de supervivencia voraz, con dientes puntiagudos, muy blancos. Para aullar, para pasar a ser eso otro que gruñe y desuella, hacen falta garras. Pero deben ser garras con filo preciso, talladas a cuchillo por una mano adulta.

sábado, 13 de abril de 2013

COBIJAR




Me gusta contemplarlos a esta hora callada de la noche. Procuro no despertar a mis habitantes para desentumecerme en la intimidad de mis muros, pero a veces bostezo con fuerza y el aire se filtra por chimeneas y rendijas. "Tranquila, amor, es el viento" dice el hombre, pero ella lo sabe y mira mis vigas de madera oscura que crujen delicadamente. 

Es una familia hermosa, esta que albergo. Los adultos gráciles, comedidos, se aman sin estrépito de vez en cuando. Mi favorita, sin embargo, siempre fue la menor de las tres niñas, la pequeña de rizos anchos que subía a mi desván sin un titubeo, apoyando aún los dos pies en cada escalón, para dibujarme entre el polvo con los dedos pegajosos. 

No sé qué me invadió para envidiársela así, para anhelar siempre sus besos sobre el cristal de mis ventanas y sus mejillas -blandas, cálidas- que apoyaba en el suelo mientras jugaba a que yo era palacio y ella princesa cautiva. 

Y ahora, aunque las demás han crecido ya, la mujer que llora sigue llamándola por las estancias del ala principal y todavía se asoma bajo las camas. Y mi niña, aquí conmigo, se pone triste y la lluvia gotea muy suave por mis aleros.


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La Editorial Talentura presenta De antología el próximo 18 de mayo. Un abrazo agradecídisimo a los antólogos Rosana Alonso y Manu Espada, y al equipo editorial por incluirme entre un montón de amigos y autores de microrrelato a los que admiro.  
Este texto no pasó la prueba pero participó en la preselección y me servía para contároslo :-)

sábado, 19 de enero de 2013

Náufragos


Yo creo que ya estamos muertos. Mi hermano no lo tiene claro, se observa los dedos arrugados y dibuja dragones marinos en la arena con los pies descalzos. Niega despacio, sin mirarme. Y mamá ya no llora ni nos abraza. A veces dirige la mirada hacia los niños pero parece estar viendo algo al otro lado de nuestros cuerpos, mucho más allá. 

La pequeña Sara desapareció anoche, los mayores aún no la han encontrado. Y hoy, por primera vez, han cazado algo para cenar. Mamá no lo prueba. Yo creo que estamos todos muertos.

sábado, 12 de enero de 2013

Burbujas

Imagen publicada por Anton Batov en Psykopaint
Me acerco al borde y el niño sumergido me mira desde el fondo, muy quieto.  Si se pone serio, con los ojos abiertos y fijos, no da tanto miedo, aunque no parpadee y tenga los labios de color morado.  Tiene una mata de pelo castaño que se mece ligeramente, en paz, como una población de algas finas y oscuras sobre un lecho de coral azul.  Debe de ser muy suave; por un momento casi me dan ganas de extender la mano y dejarme caer allá abajo, despacio.   

Cuando se ríe, la caravana de burbujas que salen de su boca rompe la superficie con fuerza y hace que el agua parezca hervir.  Se oye un revuelo de ecos en mi cabeza, un zumbido sordo y nítido, que me hace temblar.  Imagino que soy un calamar gigante sorprendido por la sirena de un submarino.  Su sonido me alcanza cargado de presión, de borboteos, de pequeñas explosiones que parecen sonarme por dentro y estremecen mis tentáculos, si los tuviera.  

Todo eso se oye cuando ríe. Todo menos su risa, la que sonaba cuando estaba vivo.  Y es entonces, al recordar que no es él, cuando empiezo a chillar como un loco y corro hasta la casa a esconderme bajo el hueco de la escalera.  Y mis gritos, por fin, acallan el ruido de la sirena, pero no me doy cuenta y mamá viene a regañarme por el escándalo.  Me mira, me toca la ropa y el pelo empapados y me abraza.  Y me recuerda que mi amigo ya no está, que ya no es.  Y me lleva hasta el borde aunque yo no quiero y allí no hay nadie. Y me promete al oído que este verano cercaremos la piscina con una valla muy alta, de madera blanca, para que no se caiga nadie y para que nunca, nunca, encuentre más niños muertos que se ríen en silencio desde el fondo.

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Feliz año nuevo :-)

domingo, 18 de noviembre de 2012

HUECOS

Imagen tomada de la red


En el armario, mis camisas han conquistado el espacio extra como si jamás hubieran tenido que compartirlo.  En los estantes de la nevera todo es una fiesta de proteínas magras y fruta ordenada por colores.  Mis manos se mantienen ocupadas en aquellos quehaceres que parecían urgentes mucho antes (colocar, desorganizar, recomponer, morir un poco).

Todas las formas de mi vida tratan de ensancharse en vano, buscando, rellenando tus lugares, fingiendo que nunca exististe.  Sin embargo, yo sigo viendo el hueco de tu mejilla en la almohada y me pregunto cuándo dejaré de escuchar tu voz.

domingo, 28 de octubre de 2012

Con las manos vacías


Imagen tomada de la red

Vuelvo a mirar la calle y me asombro al ver que las farolas ya están encendidas.  Casi no alumbran.

El joven que se acerca titubea frente a un portal y continúa.  Parece fundirse entre las sombras.  Imagino que es la persona a la que espero y pienso en ti durante un instante tan breve que apenas se distingue del siguiente.

Suena el timbre y compruebo que es él, el desconocido de mi cita, él, quien esta noche me obligue a olvidarte y me recuerde que mi amor, tu furia y mi huida me dejaron donde estoy, sepultada entre mil noches sin luz y con las manos vacías.

domingo, 21 de octubre de 2012

EL PLAN


Imagen tomada de la red


Teníamos un buen plan.  La pecera en el suelo incitaría a nuestro gato a tratar de capturar los dos peces de colores que trajeron los Reyes.  Se volcaría: papá siempre corriendo, su pie sobre el agua y un precioso mortal, gritos y esas cosas.  Tendría que romperse las piernas, o por lo menos una, ya acordamos que un brazo no iba a valer para nada.  Con la pierna rota ya no podría marcharse, mamá le haría compota de manzana y se darían besos, seguro.

Estuvimos sentados junto a la pecera durante horas, estudiando el ángulo, frenando al gato.  Con el tiempo mamá tiró los cadáveres de los peces por el retrete, llenó la bola con piedrecitas y al final la subió al desván.  Mi hermano y yo todavía miramos hacia la puerta muchas, muchas veces.

lunes, 19 de marzo de 2012

El otro futuro


Imagen tomada de la red, por Georgy Nuzhdin

Se despierta de golpe.  Está oscuro y aún queda mucho para que mamá venga a llamarlos. Estira la mano despacito y nota que su hermana está, como siempre, durmiendo a su lado.  Se levanta en silencio y asoma la cara entre las cortinas.  Los observa sin hacer ruido.  Elena se acerca a abrazarlo y lo guía de vuelta.

―Ya vale ―susurra― vuelve a la cama.

En realidad no hay nada nuevo que ver.  El parque está casi cubierto por cartones y la gente se amontona tratando de mantener el calor.  Algunos duermen, se remueven incómodos. Muchos lloran.  Las madres dejan que los niños apoyen la cabeza en su regazo.  Los sigue viendo un rato después de cerrar los ojos.

Se duerme.  Se despierta de golpe.  Sigue oscuro y tiene mucho frío.  Extiende la mano para buscar la de Elena pero roza el cartón y recuerda.  En su ventana, la de su habitación, tres caritas los miran en silencio.

Para Alonso, que me regaló la historia (entre  otras muchas) y me dio permiso para escribirla

lunes, 13 de febrero de 2012

INVITADA en LA TABERNA DEL CALLAO

Hace algunas semanas recibí un correo de Javier Merchante del blog "La taberna del Callao" en el que me contaba que le gustaría realizar un montaje de audio sobre uno de mis microrrelatos.

Eligió Premeditación, realizó un montaje sonoro en la apertura que casi cuenta la historia (increíble), añadió una música preciosa y convenció a unas jovencísimas actrices para que grabaran en su estudio [bueno, ellas aún no saben si serán actrices pero han hecho un trabajo estupendo].

El resultado se puede escuchar aquí:

Espero que os guste tanto como a mí, :-)
¡Gracias Javier!

martes, 7 de febrero de 2012

Manifestaciones

Imagen tomada de la red
Los domingos por la mañana, como si nada hubiera cambiado, estallaba la guerra.
La nieve caía blandamente desde los almohadones de plumas sobre la cama de mamá y papá, mientras mi hermana y yo reíamos como locas.  
Algunas veces nuestros padres se asomaban a la habitación vacía y se ponían a recoger el estropicio antes de que hubiéramos terminado.  A nosotras nos gustaba contemplarlos en mitad de nuestra nevada, aunque odiábamos aquel silencio cauto.  Siempre entraban despacio, sujetaban los cojines con fuerza y los acercaban a sus mejillas pálidas, tan claras como nuestro frío.

viernes, 27 de enero de 2012

Despedida (IV Microjustas Literarias)


Myosotis (Nomeolvides)

Despedida

Desde su cama, mamá me señala las ilustraciones y repito con ella “pensamientos, damas de noche, gitanillas”. Cuando llegamos a la imagen de las florecillas azules me aprieta la mano suavemente, pero yo no quiero llorar. 
―Myosotis ―le digo muy seria―. Y ni se te ocurra morirte.
Superada la primera ronda de las IV Microjustas Literarias :-)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Por su culpa

Imagen tomada de internet

Claro que no era perfecta, pero sí tan hermosa que las monjas contenían la respiración al pasar a su lado.  “Parece un ángel” y nos miraban al resto con cierto escrúpulo al ordenar la fila.

Llevaba los rizos de un amarillo inmóvil, perfecto, y zapatitos de lazo como recién pulidos.  Si nos colocábamos muy cerca podíamos ver el reflejo deforme de nuestras caras en el charol, nuestro rostro más negro.  Daba miedo, la verdad.

Aquellas uñas rosadas, increíbles, se nos clavaban en el antebrazo cuando nadie miraba.  La niña ángel sonreía serena desde el otro extremo del aula, fingiendo escribir.  Siempre ella.  Todas intuíamos que era culpa suya si se caía un tintero y castigaban a alguna sin comer.  También la mirábamos de reojo si llovía o el papá de Fulanita caía enfermo.  Por eso, por su culpa, todas la odiamos tan fuerte y tan claro que ninguna fingió apenarse cuando murió.  Y además, no era un ángel, nos decíamos.  Tendría que haber volado cuando la dejamos descalza y sola en el alféizar para probar.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Las otras vidas



Solíamos regalarnos niños muertos para medir nuestra buena suerte. A nosotros no iba a ocurrirnos.  Lucía buscaba noticias en periódicos olvidados y me escondía los recortes entre las sábanas para que los encontrara al despertar. 

Yo fotografiaba lápidas que mostraban algún ángel minúsculo en la cabecera.  Ponía especial cuidado en enfocar las fechas que indicaban la edad del pequeño y dejaba que el resto quedara envuelto en un fundido suave. 

A veces, no muchas, coincidíamos al elegir.  Nos deteníamos a la vez en la misma historia y, fruto de la casualidad, como tantas parejas, nos convertíamos en padres, por fin.  Dedicábamos un tiempo a recrearnos en la que hubiera sido su vida.  Comprábamos biberones, sacábamos la cuna antigua del desván, nos sobresaltábamos con los lloros nocturnos.  Celebrábamos, como todos, la primera sonrisa o el primer diente.  Y en esos momentos extraños de lucidez fingíamos que nuestro pequeño dormía la siesta, para no acercarnos a comprobar si respiraba.

La noticia llegó una tarde, mientras preparaba la merienda de Rubén, uno de los que aún no había cumplido en nuestra casa lo que le quedaba de vida.  Lucía llegó muy seria con un bastoncito de plástico en la mano.  Me mostró las dos líneas del positivo mientras vaciaba el tarro de frutas en la fregadera.  La miré a los ojos.

―Tú lo quieres tener―. La acusé, sobrecogido.

Yo no pensaba arriesgarme a necesitar inventarle una vida después de perderlo.


(Para Fernando Vicente -otra vez- que me regaló el principio)

sábado, 17 de septiembre de 2011

Día de sorpresas

Como a veces no os cuento nada en semanas, hoy ración doble.

1/ La revista Al otro lado del espejo ha publicado hoy mi microrrelato "Muerto" 

Muerto
Me acerco a la esquina sin despegar la espalda de los ladrillos. El sol ha calentado tanto la pared que siento mis antebrazos en carne viva, pero no puedo arriesgarme a delatar mi posición. Calculo rápidamente que el enemigo está a punto de colocarse en el ángulo perfecto. Levanto mi pistola de agua y apunto con cuidado.

Mi hermano aparece enseguida y se sobresalta un poco cuando grito “¡Muerto!”. La detonación se oye muy clara, en mi interior y afuera, por todas partes. Me sacude con fuerza hasta el hombro. Él se gira, me mira un momento y se desvanece.

Mamá sale corriendo al jardín, mientras el rojo de la camiseta de Jaime se intensifica en el centro del pecho. Lo zarandea muchas veces pero él no se mueve nada. Mamá grita mi nombre y me asusta. Dejo caer la pistola. Le he acertado de pleno.

http://alotroladodelespejorevista.blogspot.com/2011/09/muerto-rocio-romero.html


Estoy tan emocionada que llevo un rato pensando cómo explicároslo, pero lo voy a dejar así para no caer en cursilerías ¿vale?  Por cierto, tengo que agradecer el resultado final a Rosana Alonso y a Fernando Vicente (chicos, como veis adopté vuestras sugerencias)

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2/ Mi regalo
Casi al mismo tiempo, mi amigo Fernando (otra vez) me ha dedicado un micro a través de Facebook sobre "el tema" y que, curiosamente, podría ser una visión posterior de la misma historia.  La única pega es que me gustaría haberlo escrito yo... Gracias de nuevo :-)
Aún no hemos tenido fuerzas para llevar a Cáritas la ropa de Dani. Cada vez que entro a su habitación, siento una punzada de dolor cuando veo la manga de uno de sus abrigos diminutos asomando fuera del armario y cierro de un golpe la puerta del mueble. Si al hacerlo queda atrapada la manga, no puedo evitar acordarme del accidente.
Fernando Vicente Galve
(Si descubro el título os lo haré saber ;-) )

jueves, 8 de septiembre de 2011

De hermanos menores y niños muertos


El tontorrón de mi hermano Andrés golpea el borde del plato con su tenedor de plástico.  Intercala el repiqueteo sordo con chillidos de emoción y yo sigo haciendo muecas.  Mamá le acerca otra cucharada de puré mientras él se ríe de mis payasadas como loco.  Algo asombrada, ella se inclina en silencio y lo besa.  Lamento de nuevo las sombras oscuras bajo sus ojos.  

El niño grita “tato” y me separo de un salto.  Golpeo la jirafa naranja que está sobre la encimera y se cae, exactamente igual que antes, nunca la vi a tiempo.  Los tres nos quedamos muy quietos.  Hasta mi hermano parece sorprendido.  Mamá se gira hacia mí y recoge el peluche con cuidado.  Se lo lleva a la nariz, lo mantiene allí un instante y comienza a respirar a través del tejido con los ojos cerrados.  No quiero que llore, así que le saco la lengua a Andrés para que vuelva a reír con su cara de luna.  Mamá sigue sin verme.  

Para mi querida Rosa de Van al aire porque entiende como pocas madres a las madres de mis niños.  Muchos besos

miércoles, 31 de agosto de 2011

Tormenta


Fuente

Se intuye que una tormenta es la buena, la de verdad, cuando los cimientos de la casa gimen dentro de tu estómago, cada vez más prieto.  De todos modos, alguien tiene que retirar el toldo del cenador a pesar del temporal.  La escalera se tambalea y en cuanto toco la primera viga metálica salgo disparada.  Caigo de espaldas, con fuerza, pero no siento dolor.   Apenas noto el vuelco fugaz del pánico y la ceguera que deja el fogonazo, blanca y hueca.  

Me levanto con facilidad y compruebo que lo peor ha pasado.  Ya no llueve, el suelo está seco.  Puede que haya estado inconsciente un rato.  Entro en casa y llamo a los niños, pero no se oye nada.  Nada en absoluto. 

Si me concentro, aún puedo oírlos.  O me vuelvo deprisa y percibo sus sombras en el hueco de la escalera.  También los veo alguna noche, pocas, cuando duermen profundamente.  Siempre me sonríen aunque apenas me acerco.  Si cedo al impulso, si rozo sus mejillas con los labios, despiertan gritando y vuelvo a perderlos.

Aquí no hay nadie más, ya ni llueve ni anochece.  A veces, con una punzada similar a la culpa, deseo que todo estalle de nuevo y que a alguno de mis pequeños, sólo a uno, me lo devuelva otro rayo. 


Ya estamos aquí :-)

martes, 19 de julio de 2011

PAPELES

En todo este tiempo como náufrago, nunca he desaprovechado la ocasión de ahogarme ante el público.  En el momento preciso, decido que mi vida no vale nada y salto desde mi acantilado.  Me conmueven los gritos de los niños cuando me ven boquear desesperado, manoteando, mientras noto que me voy, que me revientan las venas de los ojos y me falla el impulso de lucha.
Mucho después, algún compañero saca mi cuerpo de la charca y me tiende en la orilla de arena artificial, hasta que me seco del todo y vuelvo a ser el náufrago desarrapado de siempre. 
Por algún capricho del guión, parece que hoy no me despierto.  Puede que al fin lo haya dado todo.