sábado, 22 de octubre de 2016

LA EROSIÓN

Fuente de la imagen (Aberrant Beauty)

Llueves como todos, hacia abajo, empapando las aceras, muy despacio al principio.  Pero calas como pocas lluvias en la vida.  
Yo te recibo desnuda, voluntaria, para que todo lo borres y me dejo arrastrar por ese río nuestro, tuyo.  Y sé que te quiero y sé que eso cuenta, quizá.  
Ruedo por el cauce, enganchando las uñas rotas a la orilla y dejo en el fondo aquellos restos que no flotan, sedimentos de piel.  Y a veces, para cuando llego al mar, después de tantas piedras, apenas reconozco mi cadáver.

martes, 10 de noviembre de 2015

LA FIESTA

Imagen de Maia Flore

Todos los años, mientras ella duerme, le preparamos una fiesta sorpresa.  Avisamos a todo el mundo, imprimimos invitaciones y personalizamos los sobres.  La vestimos con cuidado para la ocasión, le recogemos el pelo, le pintamos las uñas de un tono pálido.  Por si acaso.

Macarena y Manuel colocan la mesa en el centro y la dejan abierta por completo.  Apoyan los platos de la vajilla buena sobre el mantel verde y escriben los nombres de familiares y amigos en pequeñas tarjetas de color marfil, con trazos dorados y bordes envejecidos con tinta distress.

Las mayores dirigen el equipo y lanzan órdenes contradictorias que nosotros, entre risas, ignoramos según nos viene en gana. "Hinchad más globos, rápido", siempre Ana con su voz de niña madre.  "Quitad todo esto de en medio", contradice la Tata.  Y los niños hinchamos y explotamos sin ritmo fijo.  A veces, al pincharlos, los globos supuran de golpe y todo se llena de esa brillantina pegajosa que no se va soplando.  Hay que aspirar la casa de nuevo, pero los restos reaparecen cada cierto tiempo.

Además, los pequeños también solemos colocar los adornos que aún nos quedan de antes.  Aquellos que ella escogía y que todavía perduran arrumbados en el mismo cajón bajo su cama.  Sacamos las guirnaldas con estrellas blancas de madera que mamá colgaba en navidad, las calabazas con sus ojos y sus velas, el acebo seco, las tarjetas de colores con mensajes de cumpleaños, el árbol, las cajas de regalo vacías.

Y todos los años, todos desde que duerme, preparamos álbumes de fotos desplegables que cuelgan en tiras de cuerda desde el techo.  En algunas aparecemos todos con ella, riendo como locos.  En otras hemos crecido tanto que mi madre ya no aparece en la imagen, como si hubiera quedado en algún punto por debajo del enfoque, como si fuera posible que la vida estuviera encuadrada para que aparezcamos a solas, todavía riendo flojito pero algo más serios porque mamá flota dormida a baja altura.  Esas, las que se ha perdido, las ponemos en primera fila para aumentar la sorpresa.  Aún no las ha visto, pero a ver si esta vez va y se despierta.

domingo, 25 de octubre de 2015

LA LLAMADA DEL AIRE






Si los pájaros estallaban en vuelo todos corríamos también. 
Algunos chicos mayores montaban aparatos extraños, de ruedas enormes, que lanzaban graznidos acompañando el estruendo de las aves.  Nosotros, los más pequeños, solo corríamos sin parar, sin hacer caso de la sangre en los dedos, cada vez más deprisa, batiendo los brazos como el resto. 
Cuando había suerte, uno se desplomaba de repente.  Los demás nos parábamos a su alrededor, mudos de respeto y envidia.  Y cuando estaba claro que ya no despertaría, lo buscábamos en el cielo con los ojos fijos.  Por fin, volvíamos despacio al calor ciego del campamento.  Otra vez será, nos decíamos.  A lo mejor nos toca, quién sabe, tras la próxima señal.

viernes, 29 de agosto de 2014

PERSPECTIVAS

"Cruce de vías" Óleo de José Catalá.  Imagen tomada de la web de FFE


Sebastián se acerca despacio y le coloca el revólver en la punta de la nariz.  Piensa que ojalá fuera un Colt legendario y sus dedos los más rápidos del Oeste.  La mataría, claro, pero todo tendría ese encuadre mágico de entonces.  Ojalá, se dice, no tuviera que ser en un callejón de mierda.



Lucía le mira fijamente sobre el arma, ya sin rastro de miedo.  Se pregunta cuántas veces tiene una que morir, cuántas tendría que nacer para no equivocar el vagón.  Y a lo lejos, más allá de las vías, suenan los niños, ajenos.

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Ha pasado medio siglo, lo sé :)

domingo, 16 de febrero de 2014

Fotofobia

Imagen tomada de aquí

Desde que tapiamos las ventanas Elisa duerme mucho mejor.  A veces nos preocupa que se pierda algo, que sólo bucee en esa siesta mansa y callada, en lugar de zamparse dos magdalenas de chocolate y un helado en cualquier fiesta infantil.

Pero la oscuridad, es evidente, ha hecho milagros como terapia.  Ya no despierta a los vecinos con sus gritos, no balbucea ni parece mirar a través de la pared.  No intenta saltar.  Cuando me siento en su cama, me contesta obediente y se arropa de nuevo para volver a la calma oscura del sueño.  Me deja asearla en la penumbra y come despacio, masticando las cinco veces cada bocado.  Su piel es cada día más clara, aún más hermosa que entonces.  Perfecta.  Algunas veces sonríe al vacío y deseo, con mucha fuerza, que por fin sea nuestra, que ya los haya olvidado.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Los Secretos (en ReC)

Logo "fusionado" desde el blog: "De mis palabras y las vuestras" :-)

Los secretos


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Roberto vigilaba los portales. Miraba fijamente las ventanas con luz y apuntaba con el dedo si alguien se asomaba. Pum

Después volvían a casa de la mano y preparaban palomitas en el microondas. Esperaban los estallidos en completo silencio; ese ruido de algo blando que revienta y que se rinde después de cierto alboroto. Pum, pum. Esos días papá se quedaba mucho rato con él y jugaban a dispararse hasta morir. Le abrazaba muy fuerte y nunca le recordaba lo que no se debía contar.

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Web del concurso

Queridos todos,
gracias por las felicitaciones y los cariños, estoy encantada ^-^

viernes, 31 de mayo de 2013

Aullidos

Imagen: Miwa Yanagi

Para aullar a la luna los niños tienen que saber de la noche. Saber. Es preciso, además, un instinto de supervivencia voraz, con dientes puntiagudos, muy blancos. Para aullar, para pasar a ser eso otro que gruñe y desuella, hacen falta garras. Pero deben ser garras con filo preciso, talladas a cuchillo por una mano adulta.

sábado, 13 de abril de 2013

COBIJAR




Me gusta contemplarlos a esta hora callada de la noche. Procuro no despertar a mis habitantes para desentumecerme en la intimidad de mis muros, pero a veces bostezo con fuerza y el aire se filtra por chimeneas y rendijas. "Tranquila, amor, es el viento" dice el hombre, pero ella lo sabe y mira mis vigas de madera oscura que crujen delicadamente. 

Es una familia hermosa, ésta que albergo. Los adultos gráciles, comedidos, se aman sin estrépito de vez en cuando. Mi favorita, sin embargo, siempre fue la menor de las tres niñas, la pequeña de rizos anchos que subía a mi desván sin un titubeo, apoyando aún los dos pies en cada escalón, para dibujarme entre el polvo con los dedos pegajosos. 

No sé qué me invadió para envidiársela así, para anhelar siempre sus besos sobre el cristal de mis ventanas y sus mejillas -blandas, cálidas- que apoyaba en el suelo mientras jugaba a que yo era palacio y ella princesa cautiva. 

Y ahora, aunque las demás han crecido ya, la mujer que llora sigue llamándola por las estancias del ala principal y todavía se asoma bajo las camas. Y mi niña, aquí conmigo, se pone triste y la lluvia gotea muy suave por mis aleros.


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La Editorial Talentura presenta De antología el próximo 18 de mayo. Un abrazo agradecídisimo a los antólogos Rosana Alonso y Manu Espada, y al equipo editorial por incluirme entre un montón de amigos y autores de microrrelato a los que admiro.  
Este texto no pasó la prueba pero participó en la preselección y me servía para contároslo :-)

sábado, 19 de enero de 2013

Náufragos


Yo creo que ya estamos muertos. Mi hermano no lo tiene claro, se observa los dedos arrugados y dibuja dragones marinos en la arena con los pies descalzos. Niega despacio, sin mirarme. Y mamá ya no llora ni nos abraza. A veces dirige la mirada hacia los niños pero parece estar viendo algo al otro lado de nuestros cuerpos, mucho más allá. 

La pequeña Sara desapareció anoche, los mayores aún no la han encontrado. Y hoy, por primera vez, han cazado algo para cenar. Mamá no lo prueba. Yo creo que estamos todos muertos.

sábado, 12 de enero de 2013

Burbujas

Imagen publicada por Anton Batov en Psykopaint
Me acerco al borde y el niño sumergido me mira desde el fondo, muy quieto.  Si se pone serio, con los ojos abiertos y fijos, no da tanto miedo, aunque no parpadee y tenga los labios de color morado.  Tiene una mata de pelo castaño que se mece ligeramente, en paz, como una población de algas finas y oscuras sobre un lecho de coral azul.  Debe de ser muy suave; por un momento casi me dan ganas de extender la mano y dejarme caer allá abajo, despacio.   

Cuando se ríe, la caravana de burbujas que salen de su boca rompe la superficie con fuerza y hace que el agua parezca hervir.  Se oye un revuelo de ecos en mi cabeza, un zumbido sordo y nítido, que me hace temblar.  Imagino que soy un calamar gigante sorprendido por la sirena de un submarino.  Su sonido me alcanza cargado de presión, de borboteos, de pequeñas explosiones que parecen sonarme por dentro y estremecen mis tentáculos, si los tuviera.  

Todo eso se oye cuando ríe. Todo menos su risa, la que sonaba cuando estaba vivo.  Y es entonces, al recordar que no es él, cuando empiezo a chillar como un loco y corro hasta la casa a esconderme bajo el hueco de la escalera.  Y mis gritos, por fin, acallan el ruido de la sirena, pero no me doy cuenta y mamá viene a regañarme por el escándalo.  Me mira, me toca la ropa y el pelo empapados y me abraza.  Y me recuerda que mi amigo ya no está, que ya no es.  Y me lleva hasta el borde aunque yo no quiero y allí no hay nadie. Y me promete al oído que este verano cercaremos la piscina con una valla muy alta, de madera blanca, para que no se caiga nadie y para que nunca, nunca, encuentre más niños muertos que se ríen en silencio desde el fondo.

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Feliz año nuevo :-)