Esta vez la historia nace a partir de la imagen de Paula Álvarez Alegría, que ha accedido a prestarme alguna de su colección. Gracias Paula, son preciosas.
DESMADEJADA
Tira del hilo ligeramente y se
deshacen varios puntos. No hay término
medio entre crear y destruir, sólo quedan algunas marcas de uso en las
hebras. Siempre prueba a estirarlas,
pero pierden esa flexibilidad inocente de la lana nueva.
Oye la puerta, sus pasos, y trata
de recordar deprisa por qué se supone que le ama. Lo intenta cada día. Para no tener que matarlo. En cuanto se acerca, él la empuja y cae sobre el
sofá. “Sabes que te encanta” le
susurra. Termina rápido.
Piensa
en cubrir las marcas que aparecerán en su cuello con algo suave, de
mohair. Y en los niños, también piensa
en los niños. Mientras calcula lo que
queda para que lleguen, sujeta la aguja con fuerza, la de tejer bufandas, y
decide que hoy va a acabar la labor.