domingo, 16 de febrero de 2014

Fotofobia

Imagen tomada de aquí

Desde que tapiamos las ventanas Elisa duerme mucho mejor.  A veces nos preocupa que se pierda algo, que sólo bucee en esa siesta mansa y callada, en lugar de zamparse dos magdalenas de chocolate y un helado en cualquier fiesta infantil.

Pero la oscuridad, es evidente, ha hecho milagros como terapia.  Ya no despierta a los vecinos con sus gritos, no balbucea ni parece mirar a través de la pared.  No intenta saltar.  Cuando me siento en su cama, me contesta obediente y se arropa de nuevo para volver a la calma oscura del sueño.  Me deja asearla en la penumbra y come despacio, masticando las cinco veces cada bocado.  Su piel es cada día más clara, aún más hermosa que entonces.  Perfecta.  Algunas veces sonríe al vacío y deseo, con mucha fuerza, que por fin sea nuestra, que ya los haya olvidado.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Los Secretos (en ReC)

Logo "fusionado" desde el blog: "De mis palabras y las vuestras" :-)

Los secretos


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Roberto vigilaba los portales. Miraba fijamente las ventanas con luz y apuntaba con el dedo si alguien se asomaba. Pum

Después volvían a casa de la mano y preparaban palomitas en el microondas. Esperaban los estallidos en completo silencio; ese ruido de algo blando que revienta y que se rinde después de cierto alboroto. Pum, pum. Esos días papá se quedaba mucho rato con él y jugaban a dispararse hasta morir. Le abrazaba muy fuerte y nunca le recordaba lo que no se debía contar.

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Web del concurso

Queridos todos,
gracias por las felicitaciones y los cariños, estoy encantada ^-^

viernes, 31 de mayo de 2013

Aullidos

Imagen: Miwa Yanagi

Para aullar a la luna los niños tienen que saber de la noche. Saber. Es preciso, además, un instinto de supervivencia voraz, con dientes puntiagudos, muy blancos. Para aullar, para pasar a ser eso otro que gruñe y desuella, hacen falta garras. Pero deben ser garras con filo preciso, talladas a cuchillo por una mano adulta.

sábado, 13 de abril de 2013

COBIJAR




Me gusta contemplarlos a esta hora callada de la noche. Procuro no despertar a mis habitantes para desentumecerme en la intimidad de mis muros, pero a veces bostezo con fuerza y el aire se filtra por chimeneas y rendijas. "Tranquila, amor, es el viento" dice el hombre, pero ella lo sabe y mira mis vigas de madera oscura que crujen delicadamente. 

Es una familia hermosa, ésta que albergo. Los adultos gráciles, comedidos, se aman sin estrépito de vez en cuando. Mi favorita, sin embargo, siempre fue la menor de las tres niñas, la pequeña de rizos anchos que subía a mi desván sin un titubeo, apoyando aún los dos pies en cada escalón, para dibujarme entre el polvo con los dedos pegajosos. 

No sé qué me invadió para envidiársela así, para anhelar siempre sus besos sobre el cristal de mis ventanas y sus mejillas -blandas, cálidas- que apoyaba en el suelo mientras jugaba a que yo era palacio y ella princesa cautiva. 

Y ahora, aunque las demás han crecido ya, la mujer que llora sigue llamándola por las estancias del ala principal y todavía se asoma bajo las camas. Y mi niña, aquí conmigo, se pone triste y la lluvia gotea muy suave por mis aleros.


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La Editorial Talentura presenta De antología el próximo 18 de mayo. Un abrazo agradecídisimo a los antólogos Rosana Alonso y Manu Espada, y al equipo editorial por incluirme entre un montón de amigos y autores de microrrelato a los que admiro.  
Este texto no pasó la prueba pero participó en la preselección y me servía para contároslo :-)

sábado, 19 de enero de 2013

Náufragos


Yo creo que ya estamos muertos. Mi hermano no lo tiene claro, se observa los dedos arrugados y dibuja dragones marinos en la arena con los pies descalzos. Niega despacio, sin mirarme. Y mamá ya no llora ni nos abraza. A veces dirige la mirada hacia los niños pero parece estar viendo algo al otro lado de nuestros cuerpos, mucho más allá. 

La pequeña Sara desapareció anoche, los mayores aún no la han encontrado. Y hoy, por primera vez, han cazado algo para cenar. Mamá no lo prueba. Yo creo que estamos todos muertos.

sábado, 12 de enero de 2013

Burbujas

Imagen publicada por Anton Batov en Psykopaint
Me acerco al borde y el niño sumergido me mira desde el fondo, muy quieto.  Si se pone serio, con los ojos abiertos y fijos, no da tanto miedo, aunque no parpadee y tenga los labios de color morado.  Tiene una mata de pelo castaño que se mece ligeramente, en paz, como una población de algas finas y oscuras sobre un lecho de coral azul.  Debe de ser muy suave; por un momento casi me dan ganas de extender la mano y dejarme caer allá abajo, despacio.   

Cuando se ríe, la caravana de burbujas que salen de su boca rompe la superficie con fuerza y hace que el agua parezca hervir.  Se oye un revuelo de ecos en mi cabeza, un zumbido sordo y nítido, que me hace temblar.  Imagino que soy un calamar gigante sorprendido por la sirena de un submarino.  Su sonido me alcanza cargado de presión, de borboteos, de pequeñas explosiones que parecen sonarme por dentro y estremecen mis tentáculos, si los tuviera.  

Todo eso se oye cuando ríe. Todo menos su risa, la que sonaba cuando estaba vivo.  Y es entonces, al recordar que no es él, cuando empiezo a chillar como un loco y corro hasta la casa a esconderme bajo el hueco de la escalera.  Y mis gritos, por fin, acallan el ruido de la sirena, pero no me doy cuenta y mamá viene a regañarme por el escándalo.  Me mira, me toca la ropa y el pelo empapados y me abraza.  Y me recuerda que mi amigo ya no está, que ya no es.  Y me lleva hasta el borde aunque yo no quiero y allí no hay nadie. Y me promete al oído que este verano cercaremos la piscina con una valla muy alta, de madera blanca, para que no se caiga nadie y para que nunca, nunca, encuentre más niños muertos que se ríen en silencio desde el fondo.

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Feliz año nuevo :-)

domingo, 18 de noviembre de 2012

HUECOS

Imagen tomada de la red


En el armario, mis camisas han conquistado el espacio extra como si jamás hubieran tenido que compartirlo.  En los estantes de la nevera todo es una fiesta de proteínas magras y fruta ordenada por colores.  Mis manos se mantienen ocupadas en aquellos quehaceres que parecían urgentes mucho antes (colocar, desorganizar, recomponer, morir un poco).

Todas las formas de mi vida tratan de ensancharse en vano, buscando, rellenando tus lugares, fingiendo que nunca exististe.  Sin embargo, yo sigo viendo el hueco de tu mejilla en la almohada y me pregunto cuándo dejaré de escuchar tu voz.

domingo, 28 de octubre de 2012

Con las manos vacías


Imagen tomada de la red

Vuelvo a mirar la calle y me asombro al ver que las farolas ya están encendidas.  Casi no alumbran.

El joven que se acerca titubea frente a un portal y continúa.  Parece fundirse entre las sombras.  Imagino que es la persona a la que espero y pienso en ti durante un instante tan breve que apenas se distingue del siguiente.

Suena el timbre y compruebo que es él, el desconocido de mi cita, él, quien esta noche me obligue a olvidarte y me recuerde que mi amor, tu furia y mi huida me dejaron donde estoy, sepultada entre mil noches sin luz y con las manos vacías.

domingo, 21 de octubre de 2012

EL PLAN


Imagen tomada de la red


Teníamos un buen plan.  La pecera en el suelo incitaría a nuestro gato a tratar de capturar los dos peces de colores que trajeron los Reyes.  Se volcaría: papá siempre corriendo, su pie sobre el agua y un precioso mortal, gritos y esas cosas.  Tendría que romperse las piernas, o por lo menos una, ya acordamos que un brazo no iba a valer para nada.  Con la pierna rota ya no podría marcharse, mamá le haría compota de manzana y se darían besos, seguro.

Estuvimos sentados junto a la pecera durante horas, estudiando el ángulo, frenando al gato.  Con el tiempo mamá tiró los cadáveres de los peces por el retrete, llenó la bola con piedrecitas y al final la subió al desván.  Mi hermano y yo todavía miramos hacia la puerta muchas, muchas veces.

domingo, 14 de octubre de 2012

Lo que tiene la lluvia

Imagen tomada de la red


Cuando llueve ceniza, papá se comporta de un modo extraño.  Sonríe como los bobos y se sobresalta por nada.  Sale a la terraza, comprueba si ha parado.  A menudo recoge un pellizquito de polvo gris, lo olisquea entre los dedos, inspirando profundamente, y lo esconde en el bolsillo del chaquetón.

A mamá, en cambio, le encanta la lluvia de pétalos.  Cuando era pequeño cualquier ocasión era buena para cubrir las aceras.  Si tenía un nuevo amigo, si me comía toda la fruta, nos asomábamos juntos por mi ventana y dejábamos caer aquella tormenta suave de colores.  Ahora sólo baja los sábados de mayo a llorar a las novias desde el primer banco del parque.  “Te llueven los ojos” le digo, y ella sonríe un poco.

Algo tendrá la lluvia.  Mi favorita es la que moja, la lluvia de invierno que barre las calles, la que azota, la que me limpia la cara mientras miro hacia arriba con la boca abierta, la que revive las flores, la que consigue apagar esos fuegos que enciende papá. 

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Queridos cuentistas y amigos,
Mis días siguen siendo igual de cortos pero os he echado de menos.  
Vuelvo con la sensación de que no he logrado organizarme del todo, aunque me he pintado en la muñeca un reloj y creo que funciona :-)